Comer por ansiedad: qué es el hambre emocional y cuándo es un problema

Comer por ansiedad: qué es el hambre emocional — Centro Suma Vigo

¿Qué significa exactamente comer por ansiedad?

Más que hablar de «comer por ansiedad», «comer emocional», etc., podríamos decir que en nuestra forma de comer influyen diferentes factores.

Es decir, no es que existan diferentes tipos de hambre y formas de comer, es que la forma en la que comemos se ve muy influida por nuestro contexto. Por ejemplo:

  • Por nuestra etapa vital: no come igual un bebé que una persona anciana.
  • Por el ambiente en el que estamos: no pediríamos lo mismo en una comida con niños que en una comida de negocios, y claramente creo que tampoco solemos comer igual en una boda que un día cualquiera.
  • Por nuestros antojos: durante el ciclo menstrual, el embarazo…
  • Por nuestra cultura, nuestras celebraciones, o la época del año en la que estemos.

Y, por supuesto, influye cómo nos sentimos: nuestras emociones.

En nuestra forma de comer influyen distintos factores: edad, cultura, antojos, ambiente, emociones y contexto socioeconómico. Y esto es normal.

Entonces, ¿qué es el famoso «comer emocional»?

Pues se trata de una forma de relacionarnos con la comida en la que la usamos para regularnos emocionalmente.

Por ejemplo, para aliviar un malestar que estamos sintiendo: cuando estamos tristes, preocupados, enfadados… Pero también puede darse para mantener o aumentar una emoción agradable, como cuando vamos a comer con amigos, o celebramos las fechas señaladas.

En conclusión, no toda forma de comer influida por nuestras emociones es un problema, es súper frecuente.

No todo comer emocional es problemático: asociar comida a emociones agradables es frecuente y no es patológico.

En realidad, el hambre es solo una: una respuesta física del cuerpo. No existen dos tipos de hambre; lo que cambia es la función que hay detrás de comer. Usamos los términos «hambre física» y «hambre emocional» para entendernos, pero son dos caras de lo mismo.

«Hambre física»
«Hambre emocional»
Comemos por necesidad: el cuerpo nos pide energía para funcionar.
No tiene por qué haber un déficit de energía. Comer es una herramienta para afrontar una emoción, igual que otra persona lo hace fumando un pitillo o saliendo a correr.
Se percibe en el cuerpo: vacío en el estómago o falta de energía.
Pueden aparecer esas mismas sensaciones, pero acompañadas de otras: ansiedad, nudo en la garganta, tensión…
Se intensifica a medida que pasamos tiempo sin comer.
También se intensifica con el tiempo sin comer, pero suele dirigirse a alimentos que nos prohibimos (a menudo los atracones vienen de un estado previo de restricción).
Suele calmarse al comer.
También se calma al comer, pero el malestar psicológico de fondo (la ansiedad, por ejemplo) sigue requiriendo atención.

Comer para regular una emoción no está mal ni es un fallo: es una herramienta más. El problema viene cuando es la única que tenemos. Además, en las señales de hambre influyen otros factores, como los cambios hormonales (ciclo menstrual, menopausia…), la medicación o algunas enfermedades. Las señales del cuerpo son flexibles, y conviene atender a lo que nos pide.

No es cuestión de qué comes ni de si te entra de golpe

Mucha gente piensa que solo es «hambre emocional» si comes dulces, y que si comes cualquier otra cosa de la nevera no cuenta. O que el hambre emocional siempre aparece de repente y la física poco a poco. Ninguna de las dos cosas es del todo cierta: puedes tener hambre emocional con alimentos de lo más normales, y tanto una como otra pueden ir subiendo poco a poco, como un termómetro. Lo que marca la diferencia no es el qué, ni lo rápido que aparece, sino el para qué.

Comer con emociones es de lo más normal

El cocido que me recuerda al que me hacía mi abuela, el tomar marisco por Navidad, el salmorejo o las sopas frías en verano…

Ya desde que somos pequeños nos potencian que hagamos esta asociación entre comida y emociones: nos dan biberones para calmarnos cuando lloramos, nos instan a que nos portemos bien ofreciéndonos un postre rico, en los cumpleaños hay comidas especiales…

Y, de adultos, seguimos asociando comida a emociones: recibimos cesta de Navidad con comida y bebida, quedamos para tomar algo, y un largo etcétera.

Como decía, no se trata de acabar con cualquier forma de comer emocional, podemos comer por más motivos que por hambre: igual porque nos apetezca probar un plato nuevo, por alivio, por ver a los seres queridos, o, simplemente, porque nos apetece. Otra cosa es cuando esa relación con la comida empieza a generar malestar: en esos casos, la terapia individual y el abordaje de los trastornos de la conducta alimentaria pueden ayudarte a entender qué hay detrás.

Preguntas frecuentes sobre comer por ansiedad

¿Es malo comer por ansiedad?
No tiene por qué. Usar la comida para regular las emociones es algo muy común y forma parte de nuestra cultura. No se trata de eliminar esa relación, sino de entenderla. El problema no es comer con emociones, sino cuando la comida se convierte en la única herramienta que tenemos para gestionarlas.
¿En qué se diferencia el hambre física del hambre emocional?
En realidad el hambre es una sola. Lo que cambia es la función: en la física comemos porque el cuerpo pide energía; en la emocional, comer es una herramienta para regular una emoción. Las dos pueden notarse en el cuerpo y las dos se intensifican con el tiempo sin comer.
¿Comer por ansiedad significa que tengo un trastorno alimentario?
No necesariamente. El comer emocional es algo que le pasa a la mayoría de las personas en algún momento. Otra cosa distinta es cuando esa forma de comer genera malestar, se vuelve difícil de manejar o afecta a tu día a día. En esos casos, hablarlo con un profesional puede ayudarte a entender qué hay detrás.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
Cuando notas que la relación con la comida te genera angustia, culpa o sensación de descontrol, o cuando sientes que ocupa más espacio del que te gustaría. Pedir ayuda no significa que algo esté muy mal: significa querer entenderte mejor.
¿Se puede aprender a comer con más tranquilidad?
Sí. No consiste en prohibirse nada ni en seguir reglas estrictas, sino en conocer qué influye en tu forma de comer y ampliar las herramientas que tienes para gestionar las emociones. Ese trabajo se puede hacer con acompañamiento profesional.

Entender tu forma de comer también es cuidarte

En Centro Suma trabajamos la relación con la comida desde la psicología y la nutrición, de forma coordinada. Sin juicios y a tu ritmo.

Clara Díaz

Artículo redactado por Clara Díaz, psicóloga sanitaria (Col. G-6653). Centro Suma Vigo.