Síntomas de la ansiedad

En resumen: los síntomas de ansiedad (taquicardia, ganas de ir al baño, hiperventilación, tensión, sensación de irrealidad) no son un fallo del cuerpo: son su forma de prepararte ante lo que interpreta como una amenaza. Entenderlos, y aprender a aceptarlos en lugar de pelear con ellos, es clave para que no vayan a más.
Contenido redactado por Nuria Salgado Sánchez, psicóloga sanitaria colegiada nº G-05520.
La expresión «cagarse de miedo» no es una exageración ni una dramatización: es, literalmente, la descripción de uno de los síntomas de ansiedad más frecuentes y más molestos que tenemos.
Hoy quería describiros no solo los síntomas de la ansiedad, que seguramente conocéis de sobra (más de lo que os gustaría), sino el sentido que tienen esos síntomas que nos resultan tan desagradables y que no siempre entendemos a qué vienen.
¿Qué es la ansiedad?
Hay que partir de lo más básico: la ansiedad es una emoción, no una patología ni un trastorno. Es una emoción que todas las personas experimentan cuando se perciben amenazadas por algo o alguien.
Tiene un carácter anticipatorio, no inmediato: es decir, la ansiedad me mantiene alerta porque anticipo que hay probabilidad de que «algo malo» ocurra. Esta anticipación puede ser más o menos realista, pero una vez que la ansiedad se ha activado, a nuestro cuerpo el nivel de realismo le da igual. Ha recibido que hay posibilidad de ataque o amenaza y se prepara. ¿Para qué? Para huir o defenderse, sea o no sea realista que estemos ante una amenaza.
Una cuestión que no siempre se plantea es que la ansiedad siempre va acompañada de experimentar inseguridad: si yo siento que algo tiene la capacidad de amenazarme, es porque me siento vulnerable ante esa posibilidad. No puedo percibir que algo es dañino si no identifico una vulnerabilidad en mí para que eso pueda hacerme daño.
¿Qué quiero decir con esto? Que, al final, experimentar ansiedad por algo es un tema tremendamente subjetivo, basado en interpretaciones, aprendizajes, biografías… Y en todo este jaleo de subjetividad llega el cuerpo, se prepara para un peligro explícitamente objetivo, y reacciona de formas tan incómodas como estas:
Los síntomas de la ansiedad (y para qué sirve cada uno)
Taquicardia
Si vas a salir corriendo, necesitas bombear más sangre al resto del cuerpo. El sistema nervioso dilata las arterias y aumenta la frecuencia cardiaca «para prepararse».
Ganas de orinar o defecar
Lo mismo: el cuerpo necesita liberarse de todas sus cargas para ser lo más rápido posible. De hecho, el sistema digestivo se considera «el segundo cerebro de nuestro cuerpo».
Hiperventilación
Respirar rápido para que llegue cuanto más aire mejor a los pulmones.
Tensión muscular
El cuerpo se tensa en posición de amenaza, por si tiene que defenderse.
Sensación de irrealidad
La atención ya no está disponible para lo que pasa alrededor, sino para lo que mi ansiedad me está alertando que podría pasar.
¿Y estos síntomas sirven para algo?
En realidad, desde un punto de vista «puramente» filogenético, sí: se supone que nos preparan para una mejor supervivencia. Básicamente, mi mente interpreta que estoy en peligro y pone mecanismos en marcha para ponerse a salvo si lo necesita. Es un «no sé muy bien qué pasa, pero no me da buena espina y yo, por si acaso, tengo que salir corriendo…».
Pero claro, desde un punto de vista práctico o funcional, no tanto. Si siento ansiedad cuando hablo con alguien que me gusta, y encima tengo que estar regulando mis ganas de salir corriendo o mi sudor, pues la vida se me complica un poco más. Por eso nuestra relación con la ansiedad es complicada: sentimos que viene a fastidiarnos la existencia con esas reacciones tan molestas y no solemos entender su presencia en muchos momentos.
¿Y si en vez de pelearnos con ella, la aceptamos?
Por eso os quería proponer una cosa: ¿por qué no, en vez de pelearnos con ella, intentamos aceptarla cuando aparece? La gran mayoría de los síntomas corporales se disparan más y más porque nos ponemos en guardia cuando aparecen. Queremos deshacernos de ellos a toda costa, y eso hace que nuestra percepción de amenaza se incremente («si siento todas estas cosas, me voy a descontrolar») y la ansiedad suba y suba y suba hasta agotarnos.
Muchas veces sentimos ansiedad porque tenemos algo importante entre manos: ser vistos de forma positiva, ser capaces de hacer algo bien, gustar a alguien… y quizá es normal sentir inquietud ante la posibilidad de que estas situaciones no vayan bien. Creer que la ansiedad es inútil en estas situaciones no solo es erróneo, sino que nos pone en modo defensa con ella y nos complica más la vida.
Así que, a partir de ahora, os propongo algo. ¿Que llega la ansiedad?
Acéptala. Vamos a aceptar que nuestro cuerpo se va a activar un ratito, dar por hecho que nos sentiremos así durante unos momentos.
Entiéndela. Valorar que quizá estamos ansiosos porque estamos ante algo importante, o que tiene algún significado relevante para nosotros.
Permítele estar. Vamos a permitir que la ansiedad aparezca, nos habite un ratito y, cuando sienta que ya no es necesaria, se vaya. Os aseguro que no se va a quedar ahí de por vida.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
Entender y aceptar la ansiedad ayuda mucho, pero hay momentos en que conviene apoyarse en un profesional: cuando la ansiedad es muy intensa o muy frecuente, cuando te limita en tu día a día (dejas de hacer cosas por evitarla), cuando se mantiene en el tiempo o cuando aparece sin que sepas por qué. Pedir ayuda no significa que algo esté muy mal: significa querer entenderte mejor y tener más recursos para afrontarla.
Preguntas frecuentes sobre los síntomas de ansiedad
¿Los síntomas físicos de la ansiedad son peligrosos?
¿La ansiedad es un trastorno?
¿Por qué me entran ganas de ir al baño cuando tengo ansiedad?
¿Se puede aprender a gestionar la ansiedad?
Si la ansiedad te está complicando la vida, podemos ayudarte
En Centro Suma trabajamos la ansiedad desde la psicología, a tu ritmo y sin juicios. Somos psicólogas sanitarias colegiadas en Vigo.

Artículo redactado por Nuria Salgado Sánchez, psicóloga sanitaria (Col. G-05520). Centro Suma Vigo.
